Qué hacer en Iquitos. Conoce el Amazonas peruano

  1. Mi primera visita a la selva peruana
  2. Qué hacer en Iquitos
    1. Centro de rescate amazónico (CREA)
    2. Barriada y mercado de Belén
    3. Centro histórico de Iquitos
    4. Cena en el restaurante Al frío y al fuego
    5. Navegar en el Amazonas

Mi primera visita a la selva peruana

Cuando era niña mis padres me compraron una enciclopedia infantil y uno de sus tomos estaba dedicado a las maravillas naturales del mundo. Yo miraba y remiraba las fotos que aparecían en aquel libro y soñaba con viajar a esos lugares increíbles. Me preguntaba si algún día podría ir a California a ver las secuoyas gigantes o si tendría en mi vida la oportunidad de adentrarme en la selva navegando por el Amazonas. A los 27 años cumplí el primero de mis sueños y pude contemplar con mis propios ojos los árboles gigantes en la costa oeste de Estados Unidos, y más adelante, casi a mis 40, por fin pude viajar al Amazonas, ese lugar por el que me había sentido fascinada desde pequeña: el río más grande del mundo, el lugar con más biodiversidad del planeta , la selva en la que habitan comunidades aún no contactadas.

Una vez me instalé en Lima, empecé a acariciar la idea de viajar al Amazonas peruano. ¡Nunca había tenido tan cerca poder cumplir aquel deseo que albergaba desde niña! Un amigo de allí, cuando se lo conté, me habló de Iquitos, un destino que sonaba a aventura por ser la única capital en el Perú a la que sólo se puede acceder en avión o en barco ya que no tiene ninguna conexión por carretera. En cuanto escuché esas palabras me dije: ¡ahí tengo que ir!.

Entonces me puse a investigar por internet cómo llegar y vi que había vuelos directos y no muy caros que en menos de dos horas me llevaban hasta Iquitos. Podía ir un viernes por la tarde, pasar el sábado en uno de los lugares más recónditos del mundo, volver a Lima el domingo y estar otra vez trabajando el lunes en la oficina. ¡Esta idea me pareció sencillamente alucinante!

Iquitos fue mi primer contacto con la selva peruana, pero aquello fue como una droga. La selva me enganchó y a la escapada de fin de semana de Iquitos se sucedieron otras: a Pucallpa, Tarapoto y Leticia. Pronto os dejaré posts sobre estos lugares.
Una vez solucionado el tema de los vuelos la siguiente cuestión era dónde alojarse en Iquitos.
Vi que muchos tour operadores ofrecían experiencias inmersivas en la selva, en eco lodges que se encuentran a 1-3 horas de Iquitos navegando por el Amazonas. Esta es una opción que merece mucho la pena y fue por la que me decidí en otro de mis viajes a la selva peruana, pero en aquella ocasión, como el objetivo era una escapada de dos días a Iquitos lo mejor era buscar alojamiento en la ciudad o en alguno de los lodges cercanos.

Me decanté por esta segunda opción y la recomiendo sin ninguna duda porque permite disfrutar de la experiencia de sentirte en la selva amazónica, en pleno contacto con la naturaleza, a la vez que tienes cerca todos los lugares que visitar en la ciudad.

Desgraciadamente no os puedo recomendar el lodge en el que yo me alojé porque actualmente no está en funcionamiento, pero hay otros cerca de Iquitos con muy buenas reseñas, como el Amazon Oasis Lodge, o el Casa Kukama Lodge.

La experiencia fue increíble. Al llegar al aeropuerto de Iquitos, un mototaxi contratado por el propio alojamiento nos estaba esperando para llevarnos al embarcadero desde donde, navegando por el río Nanay, nos llevaron en peque-peque hasta el lodge.

En el trayecto en motocarro hasta el embarcadero ya pude hacerme una idea de lo que era aquella ciudad: el trajín incesante de ir y venir de motocicletas (algunas transportando a una familia entera) y motocarros, barriadas con calles sin asfaltar y casitas pequeñas y humildes de madera, con las puertas y ventanas abiertas, mostrando su interior porque la gente hace vida más en la calle que en casa. Era diciembre, pero el clima era cálido, tropical, y recuerdo que me chocó ver algunas casas decoradas con abetos de navidad.

El alojamiento era en unas cabañas de madera individuales junto a un pequeño meandro del río, muy básicas, sin cristales en las ventanas ni luz eléctrica. No sé cuántas habría, como mucho 10, en las que nos alojábamos un pequeño grupo de turistas que compartimos la experiencia en la selva esos días. Estábamos a 20 minutos de la ciudad, pero te sentías como si estuvieras a miles de kilómetros de la civilización. Fue toda una experiencia darse un baño en el río Nanay al atardecer, en compañía de las pirañas, que no las vi, pero seguro que las habría por allí.

En el lodge te daban desayuno, comida y cena y se encargaban también de organizar todos los tours. En Iquitos no hay hordas de turistas, así que la atención es personalizada y exquisita. Eso fue de lo mejor del viaje.

Qué hacer en Iquitos

Centro de rescate amazónico (CREA)

La visita al CREA me encantó. Es, sobre todo, una oportunidad única para conocer de cerca a los manatíes, una especie tan emblemática del Amazonas y tan amenazada. Es una gozada interactuar con estos animales pacíficos y entrañables.
En este centro de rescate realizan una labor increíble. Se dedican a rehabilitar a animales víctimas de la caza furtiva que han sido rescatados después de haber estado en cautividad. Además, desarrollan programas de educación ambiental para concienciar sobre el turismo responsable y la protección de la biodiversidad en la Amazonia. Crían a manatíes que quedaron huérfanos por la caza furtiva y cuando están preparados los devuelven a su hábitat natural.
En el centro te explicarán todo sobre estos entrañables animales, sobre el proceso de rehabilitación y podrás incluso ayudar a su alimentación dándoles el biberón. Es una experiencia preciosa.

Además podrás ver de cerca también otras especies como perezosos, tortugas, caimanes, y monos.

Tengo que decir que en algún otro de los centros de rescate de animales que visitamos en los alrededores de Iquitos, me entró la duda de si eran realmente centros de rescate o más bien atracciones turísticas en las que tienen allí a los animales para que nosotros, turistas, podamos hacernos una foto con ellos. Digo que te entra la duda porque parece que el objetivo final de la visita es hacerse la foto y no tanto conocer su proyecto. En el CREA sin embargo no es así, el enfoque de la visita es en todo momento mostrarte la labor conservacionista que desarrollan y se percibe el rigor y seriedad con los que trabajan.

La visita dura aproximadamente una hora. Recuerda llevar ropa y calzado cómodos, repelente para los mosquitos y agua para hidratarte bien.

Barriada y mercado de Belén

Esta visita definitivamente te recomiendo que la hagas con un guía de confianza o un tour organizado, ya que hay algunas zonas en esta parte de la ciudad que pueden no ser muy seguras.

Una vez dicho esto, estoy buscando una palabra que resuma el efecto que puede provocar en ti esta visita y creo que el término es «IMPACTANTE». Tendrás algunas buenas sensaciones y otras no tan buenas, pero lo que sí te puedo asegurar es que la visita a Belén no te dejará indiferente.
En la visita al mercado, la explosión de olores y colores que se entremezclan formando una amalgama que los hace indistinguibles y el barullo de los puestos sin orden aparente en los que se venden los productos más variopintos y exóticos que puedas imaginar, te saturará los sentidos.

Encontrarás puestos con infinidad de variedades de fruta junto a otros en los que se muestran pescados recién extraídos del Amazonas, algunos de ellos enormes, como el paiche.

Verás también pequeños puestecitos con carne de mono, de caimán o de tortuga, que te la venden despiezada, pero con sus patitas intactas. Sí, yo también pensé lo mismo: ¿esto no eran especies protegidas?.

Y además hay puestos con comida preparada para que puedas consumirla allí mismo. Es el caso de las brochetas de Suri, unas larvas de escarabajo blancas y carnosas.

¿Te animarás a probarlo? yo lo hice y bueeeno… el sabor en sí no te desagradará, pero la textura, ay, esa textura cremosa sabiendo que lo que te estás comiendo es un gusano, pues digamos que mi mente occidental me impidió disfrutar plenamente del manjar.


No te puedes perder el famoso «Pasaje Paquito», un callejón’ donde venden todo tipo de brebajes, tónicos, ungüentos curativos y hierbas medicinales, toda la botica natural que ofrece la selva amazónica: la sangre de grado, cicatrizante y antiséptico, la uña de gato, un potente antiinflamatorio, el «chanca piedras» para los cálculos renales, el «siete veces sin sacar» que es un preparado afrodisiaco. Aquí puedes encontrar incluso potentes alucinógenos como la Ayahuasca o el San Pedro.

Para visitar la barriada de Belén, la mejor forma es en bote ya que las casas están construidas sobre el agua y la gente vive de cara al río, por lo que navegando te podrás hacer una buena idea de su estilo de vida: en el río se bañan, y asean, lavan la ropa, junto al río cocinan. En el río verás también a los niños jugar, y a la gente del lugar pescar e incluso hacer la compra en algunos de los puestos ambulantes que ofrecen sus productos desde pequeñas embarcaciones.


Las casas son de madera. Algunas son flotantes y otras son palafitos construidos en terreno inundable según la época del año. Es un estilo de vida muy humilde, centrado en el río, que es el que les provee de todo lo que necesitan.

Dependiendo de la época del año, es decir, si es o no temporada de lluvias, podrás realizar una parte de la visita a pie, lo cual te permitirá interaccionar más con la gente, pero por favor, hazlo siempre en compañía de un guía local.

Centro histórico de Iquitos

Iquitos vivió su época de esplendor a finales del S. XIX y principios del XX por la denominada fiebre del caucho.
Experimentó un rápido crecimiento pasando de ser un pequeño asentamiento a convertirse en ciudad por la afluencia de magnates de todos los lugares del mundo atraídos por el preciado material que se extraía de los árboles de la selva.
El centro histórico de la ciudad es testimonio, para bien o para mal, de aquella época pasada.
Digo para bien, porque han sobrevivido algunos bonitos edificios emblemáticos como la casa de fierro, diseñada por Gustave Eiffel que fue transportada pieza a pieza desde Europa, el antiguo Hotel Palace, o la casa Morey, profusamente decoradas con azulejos pintados a mano. Y para mal porque el boom del caucho, pese a que supuso la época dorada de la ciudad de Iquitos, fue también una etapa negra en la historia de la región pues trajo consigo la devastación de la selva y la esclavización y exterminio de las poblaciones indígenas.

Casa de Fierro (Maritnet, via Wikimedia Commons)

Ex Hotel Palace (percivalsmithers, via Wikimedia Commons)

Si tienes tiempo, una visita al barco museo Ayapua te permitirá conocer bien la historia de la ciudad, además de visitar la bonita embarcación construida a finales del s. XVIII.

Museo Ayapua (Peje Suizo, via Wikimedia Commons)

Y si quieres imbuirte en el ambiente más popular, un paseo al atardecer por el malecón Tarapacá es una buena opción. Al caer el sol los colores de la selva sin duda te cautivarán: el cielo se enciende y sobre el fondo rojizo salpicado de nubes rosas y violetas se recorta la silueta de los árboles de la selva, cuya sombra se refleja sobre las aguas tranquilas del río que a esas horas se torna plateado.
No pararás de sacar fotos con la esperanza de que alguna refleje fielmente ese instante, sin que ninguna llegue a captarlo en toda su belleza.


El malecón al atardecer es un sitio muy concurrido y animado, lleno de bares donde probar tragos de lo más exóticos y restaurantes donde degustar las especialidades de la selva.

Cena en el restaurante Al frío y al fuego

Este es un plan alternativo para disfrutar de los colores del atardecer de un modo, por así decirlo, más exclusivo.
Al Frío y al Fuego es un restaurante flotante ubicado en la desembocadura del río Itaya donde éste se abre al Amazonas. Desde el restaurante puedes contemplar el magnífico espectáculo de la caída del sol en el Amazonas a la vez que disfrutar de unas bonitas vistas de la ciudad de Iquitos.
Mis amigos limeños me dijeron: ¡no dejes de ir a cenar al restaurante Al frío y al fuego!, pero teniendo en cuenta que la visita a este lugar no estaba entre los tours ofrecidos por el lodge y que este se encontraba algo alejado de la ciudad, me pareció que habría que dejarlo para otra ocasión, pero se me olvidaba lo que ya comenté en el post «3 potentes razones por las viajar a Perú» y es que Perú es el país donde todo es posible. Y así fue porque en el lodge, pese a que en un principio les pareció una idea descabellada y dijeron que no iba a poder ser, al final acabaron organizándolo todo para que pudiéramos ir a cenar: nos llevaron en bote por el río Nanay. Al llegar a Iquitos ya nos estaba esperando un mototaxi para trasladarnos, atravesando la ciudad, hasta el embarcadero en el río Itaya y de allí hicimos el último trayecto en lancha, cortesía del restaurante. Todo perfectamente organizado y coordinado para que no tuviéramos que esperar en ningún momento.
Y tras la cena, siendo ya noche cerrada porque el mototaxista se ofreció a darnos un voltio para que viéramos Iquitos la nuit y se hizo muy tarde, volvimos al lodge por el río Nanay a oscuras. Sólo los relámpagos de una tormenta cercana iluminaban el río durante algunos instantes en una noche que recuerdo como mágica.
El restaurante está especializado en carnes y pescados a la parrilla. Yo pedí doncella, un pescado muy típico de la región, y la verdad es que estaba deliciosa.

Aunque el atardecer es un momento ideal para ir, también tiene que estar muy bien visitarlo para almorzar ya que las vistas deben ser espectaculares y el local, que es una plataforma flotante en medio del río, tiene piscina en la que refrescarle dándote un baño.

Salir a navegar por el Amazonas en un peque-peque, la embarcación de madera típica de la selva peruana, es algo que tienes que hacer sí o sí en tu visita a Iquitos. Además de comprobar con tus propios ojos la inmensidad del río más grande del mundo, si tienes suerte podrás ver los famosos delfines. Yo no los vi la primera vez que fui, pero sí la segunda y después también en Pucallpa donde era mucho más fácil avistarlos.
Los tours por el Amazonas desde Iquitos suelen incluir la visita a algunos de los centros de rescate animal ubicados en los alrededores de Iquitos y a las comunidades indígenas como los Yaguas o los Bora. Esta última, aunque muy preparada para el turismo, a mí me resultó simpática. Pero eso, tienes que ponerte en modo turista y participar y divertirte con la fiesta que te tienen preparada.

Me gustó especialmente el Mariposario Pilpintuwasi donde la austriaca Gudrun Sperrer se dedica desde 1995 a criar más de 20 especies de mariposas de la Amazonia. Allí puedes verlas de cerca y aprender sobre todo el proceso de su metamorfosis. Además de la cría de mariposas es un refugio para animales rescatados, víctimas de la caza furtiva.

Y así fue como, en una escapada de dos días, que ya habéis visto lo que puede cundir, cumplí uno de los sueños de mi infancia: navegar por el río más grande del mundo. Me quedé con ganas de más y sobre todo con ganas de adentrarme más en la selva, así que a las pocas semanas volví de nuevo. Os cuento la experiencia en el post «Selva peruana: mi experiencia inmersiva en el Amazonas».

Deja un comentario

Esta web funciona gracias a WordPress.com.

Subir ↑