Selva peruana: mi experiencia inmersiva en el Amazonas

Después de viajar a Iquitos me quedé con ganas de más. El cuerpo me pedía adentrarme más en la selva peruana y explorar lugares vírgenes en los que conectar con la esencia de la Amazonia.

Buscando en internet vi que una forma de hacer esto era alojándome en alguno de los lodge que se encuentran más alejados de Iquitos, en plena selva, y a los que se llega navegando por la red de pequeños afluentes del Amazonas. Me atrajo el Muyuna Amazon Lodge por ser un albergue fundado y regentado por peruanos y atendido por los locales de la comunidad cercana.

Y la verdad es que fue un acierto. ¡La experiencia fue increíble!.

El staff del lodge te acompaña desde el mismo momento que aterrizas en Iquitos. Te recogen en el aeropuerto y te llevan en una furgoneta hasta la lancha. En total tienes unas 3 horas de viaje hasta llegar al lodge, navegando parte del camino por el río Amazonas a buena velocidad.

Ya en la lancha, mientras sientes el Amazonas en toda su inmensidad, empiezas también a darte cuenta, al observar el paisaje, las embarcaciones con las que te cruzas y la gente con la que interaccionas en las diferentes paradas técnicas, de que te estás transportando a otro mundo en el que todo es diferente a lo que acostumbras.

Selva peruana. Puesto de piñas en el Amazonas.
Un puesto de piñas en el Amazonas. En una parada que hicimos camino del albergue.
Estampa típica de la selva peruana. Familia de locales en embarcación por el Amazonas.
Una embarcación típica de la selva peruana. Es el medio de transporte más utilizado en el Amazonas.

Al penetrar en la selva por el pequeño río Yanayacu, la lancha reduce su velocidad y puedes admirar el paisaje con mucha más precisión. Además de la frondosidad de la selva puedes observar también algunas de las especies de aves autóctonas y a los habitantes de las comunidades vecinas trabajar, descansar, pescar o jugar en el caso de los más pequeños.

Habitantes de la selva peruana en la orilla del río Yanayacu.
A lo largo del recorrido por el río Yanayacu pudimos observar la vida cotidiana de los habitantes de la Amazonia

Y al llegar al lodge no tienes otra que quedarte con la boca abierta por la increíble belleza del enclave, que luego se ve acentuada más si cabe con las luces del atardecer.

En el corazón de la selva peruana. Garzas levantando el vuelo en el río Yanayacu.
Llegando al albergue, un grupo enorme de garzas levantó el vuelo. Fue una bienvenida espectacular.
Atardecer en el Amazonas peruano. Río Yanayacu junto al Muyuna Amazon Lodge.
Los atardeceres en la selva amazónica son algo único. Esta foto la tomamos desde el lodge.

Nada más llegar te recibe todo el equipo que trabaja en el albergue para darte la bienvenida, te asignan un guía que te acompañará en todas las actividades y excursiones (el nuestro se llamaba Armando y conocerle fue una de las mejores experiencias del viaje) y te muestran tu cabaña.

Como el lodge está construido en terreno inundable, las cabañas son palafitos que, si vas en temporada de lluvias, quedan sobre el agua. Yo fui en navidades, por lo que la temporada de lluvias estaba apenas comenzando y el albergue estaba aún en terreno seco.

Allí estás en mitad de la selva, por lo que, olvídate de algunas comodidades: las cabañas no tienen luz eléctrica. Durante el día te apañas con luz natural y por la noche con un candil. Ahora creo que ya disponen de agua caliente y ventiladores gracias a la energía que proporcionan paneles solares. Cuando yo estuve no había nada de eso tampoco.

Cabaña en el Muyuna Amazon Lodge, en el Amazonas peruano.
Mi hermana en nuestra cabaña del Muyuna Amazon Lodge, candil en mano.

Hay una cabaña grande central donde sí hay luz y es donde realmente se hace vida. Está habilitada como comedor en el que se sirve la comida que, de verdad, está para chuparse los dedos, y también está habilitado como sala de estar.

El gran enemigo allí son los temibles mosquitos. Por más repelente que uses y aunque vayas con ropa que te tape lo máximo posible, te llevarás una buena ración de picotazos porque pican a través de los tejidos. Puede llegar a ser muy molesto, así que es imprescindible llevar en el botiquín algún ungüento calmante. Lo que sí marca una gran diferencia es la ropa de colores claros. Esto no es ninguna tontería. No sé por qué, pero acuden mucho más a la ropa oscura.

Durante los 3 días que estuvimos allí realizamos diversas actividades, casi siempre acompañados por Armando, nuestro guía.

El mismo día de la llegada, por la tarde, ya estuvimos explorando en barca los alrededores del albergue y observando algunas especies de aves.

Y más tarde, después de cenar salimos a ver caimanes. Por la noche es fácil verlos porque se quedan quietos cuando se les ilumina con la linterna y se les puede coger más fácilmente. Armando sacó uno del agua durante un momento para que lo viéramos. Como podéis ver en la imagen, los caimanes del Amazonas no son de gran tamaño, pero sí tienen buenos dientes, ¡así que mejor no probar ningún mordisco!.

Nuestro guía sostiene un caimán del Amazonas durante una excursión nocturna en la selva peruana.
Este es el caimán que Armando sacó del agua para mostrárnoslo.

Al día siguiente por la mañana hicimos una caminata de 3 horas por la selva en los alrededores del albergue. No os penséis que allí hay un sendero bien señalizado para pasear tranquilamente, sino que era Armando, con su machete, quien nos iba abriendo camino a través del denso follaje. Lo realmente increíble para mí es cómo supimos volver luego al lodge sin brújula ni nada. Yo a los 5 minutos de salir ya estaba totalmente perdida y no habría sido capaz de orientarme.

En el albergue te prestan botas katiuskas. No son lo mas cómodo para caminar, pero créeme, las necesitas.

Armando era chamán y por tanto conocía todas las plantas y sus propiedades medicinales, así que durante el camino nos dio una interesantísima clase magistral. Las plantas y las explicaciones de Armando fueron el principal atractivo de aquella caminata ya que a los animales los oíamos, pero no se dejaron ver mucho.

Aunque fijándote bien sí podías verlos. ¿Eres capaz de ver al lagarto en la siguiente foto?

Un lagarto camuflado en el tronco de un árbol en la selva peruana.
¿Puedes ver al lagarto?

Los magníficos ejemplares de árboles también nos impresionaron y cruzamos los dedos para que sigan allí por mucho, mucho tiempo.

Árbol del Amazonas peruano, con grandes raíces aéreas.
Mi hermana y yo, exploradoras en medio de la selva peruana junto a un majestuoso árbol.

Por la tarde nos llevaron a pescar pirañas. Yo no soy aficionada a la pesca. Es más, a lo que sí soy muy aficionada es al buceo recreativo, por lo que a los peces me gusta más verlos vivitos y coleando. Así que esta actividad no me atraía demasiado en principio. Pero al final resultó ser muy divertida.

Nos llevaron en barca a una especie de lago, Un lugar muy tranquilo y con mucho encanto. Ya sólo por el paisaje merecía la pena. Nos preparamos una caña de pescar rudimentaria con un palo de madera y un sedal. Enganchamos el cebo y ahí nos pusimos a intentar que picara alguna piraña. La verdad es que en mi caso no picó ninguna, quizás no le puse mucho empeño tampoco, pero Armando, que tenía mucha más maña, sacó alguna para que viéramos cómo son. Al final no conseguimos llevar la cena al albergue, pero nos echamos buenas risas.

Nuestro guía nos muestra una piraña recién capturada, especie emblemática del Amazonas.
Una de las pirañas que pescamos.

Y por la noche Armando nos sacó de nuevo a pasear en una pequeña caminata nocturna. Este es otro de los grandes atractivos de esta experiencia en la selva peruana, ya que por la noche muchos animales se activan y si vas con un guía experimentado y con una buena linterna, puedes verlos. Así que machete y linterna en mano salimos a explorar los alrededores del lodge. Serpientes, tarántulas, ranas y sapos fueron los grandes protagonistas del paseo nocturno.

El segundo día hicimos una excursión de día completo. Por la mañana navegamos río arriba hasta un lugar más alejado en el que el río estaba cubierto por una tupida capa de plantas, de forma que ya casi ni se veía el agua. Allí nos bajamos de la barca e hicimos otra caminata por la selva. Esta vez, y después de haberme llevado el día anterior más de cien picaduras, que acabé con las piernas que parecían higos chumbos, aprendí la lección y me puse ropa de color más claro. Fue increíble, ¡casi ni se me acercaron!.

Vegetación típica de la selva peruana. El río se cubre con plantas acuáticas.
Explorando la selva amazónica desde la lancha. Las plantas crecen en el agua de forma que ésta ya ni se veía.
Selva peruana. Árbol con raíces retorcidas.
Otro curioso árbol durante nuestra caminata por la selva peruana.

Después de la caminata, tras comer de picnic en la misma barca, Armando nos llevó a conocer la comunidad de San Juan de Yanayacu, donde él vivía. Caminamos por entre las casas, algunas de las cuales eran solo plataformas de madera levantadas sobre el suelo con un techo para protegerse de la lluvia, porque allí en la selva tampoco hace falta mucho más. Nos presentó a su familia. Su hija mayor iba a empezar la carrera de medicina siguiendo la vocación de su padre de curar a los demás. Los niños del pueblo salieron todos a recibirnos y conversaban con nosotros con gran curiosidad, esperando que les lleváramos alguna chuche, que por supuesto teníamos preparadas para ofrecerles. Fue una tarde especial en la que nos dimos cuenta de que se puede ser feliz con muy poco y que sin embargo hay riquezas que van más allá de lo material.

Y para rematar el día tan bonito, la vuelta al albergue nos regaló un atardecer espectacular sobre el río Yanayacu.

Atardecer en el río Yanayacu, en el Amazonas peruano.
Al volver de San Juan de Yanayacu, la selva nos regaló otro espectacular atardecer.

El último día nos quedaba pendiente una experiencia que no se puede dejar pasar: bañarnos en el Amazonas, para lo cual nos embarcamos de nuevo, pero esta vez navegando río abajo por el Yanayacu.

En el camino nos desviamos un momento hacia un remanso donde crecía la famosa Victoria Regia, el nenúfar más grande del mundo.

Bañarse en el Amazonas da un poquito de yuyu porque las aguas son turbias y no sabes bien qué tipo de animales pueden estar nadando a tu lado, pero era una experiencia que había que vivir, y aunque el baño fue cortito, lo hicimos.

Ejemplares de Victoria Regia, el nenúfar más grande del mundo que es endémico de la cuenca del Amazonas.
Los enormes ejemplares de Victoria Regia que vimos de camino hacia el Amazonas.

Otro de los atractivos de esta excursión era poder avistar delfines, pero no tuvimos mucha suerte y sólo pudimos verlos de lejos. No fue hasta que viajé a Pucallpa, más adelante, cuando pude verlos mucho más de cerca. Esto ya os lo contaré.

Perú. Baño en el Amazonas.
Y por fin el baño en el Amazonas.

El baño en el Amazonas ya fue nuestra despedida de la selva peruana, porque al regresar al lodge, recogimos nuestras cosas y embarcamos rumbo al aeropuerto con destino Cusco, la ciudad de los incas.

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